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Transporte: Soluciones para mejorar el servicio público

Actualmente, en las calles y autopistas de Chile transitan cerca de 4,2 millones de vehículos, una cifra que según las proyecciones aumentará en los próximos años: en 2020, estima el Ministerio de Transportes, el parque automotor podría llegar a siete millones de automóviles, con una tasa de motorización de 385 vehículos por cada mil habitantes. Esta cantidad ha generado que en Santiago el 22,3% de la red vial se encuentre con niveles críticos de congestión en hora punta, situación que llegaría al 29% en seis años más.

Ante este escenario, la Mandataria Michelle Bachelet designó una Comisión Presidencial Pro Movilidad Urbana para estudiar acciones que mitiguen el atochamiento en las principales ciudades de Chile, estableciendo 25 localidades como prioritarias.

Sin embargo, expertos y autoridades coinciden en que fortalecer el transporte público es fundamental para disminuir la congestión tanto en la capital como en regiones. Aseguran que transformar el uso de buses en una experiencia atractiva, que incluso motive a los pasajeros a dejar el auto en sus casas, es el gran reto en el corto plazo. “El principal desafío es ofrecer un transporte de calidad, que sea una alternativa al automóvil”, dice el ministro de Transportes, Andrés Gómez-Lobo. “Es legítimo que toda familia quiera tener un auto, no hay ningún problema en eso y nosotros también lo respaldamos. El tema es que no se use el auto en momentos inadecuados”, agrega el secretario de Estado.

Soluciones

En ese sentido, las posibles soluciones apuntan a construir más líneas de Metro o tranvías, y generar perímetros urbanos donde la autoridad controle las frecuencias de buses y darle prioridad al transporte en las vías urbanas.

“Uno de los desafíos en Santiago es expandir la red de Metro y acelerar lo máximo posible la construcción de los trenes suburbanos, como el Rancagua Express, el Melitrén y después una extensión a Batuco y Lampa”, detalla Louis de Grange, experto en transportes de la Universidad Diego Portales. “En regiones se debería potenciar la construcción de tranvías (…) proyectos de trenes regionales o tranvías como Coquimbo-La Serena, en Antofagasta, en Temuco o probablemente en Concepción. Son ciudades donde implementar este tipo de tecnologías sería necesario”, añade.

Según el diagnóstico de Leonardo Basso, experto de la Universidad de Chile, el transporte público debe ser “el más importante de las ciudades, porque donde eso no ocurre, la calidad de vida es mala”. Para que esto suceda, añade Basso, este “tiene que ser confiable (…) que la gente sepa que no los van a dejar botados, lo que está relacionado con la frecuencia y la regularidad; tiene que ser rápido; tiene que ser cómodo, uno no puede esperar que la gente ande en latas de sardinas o en cosas en mal estado, y tiene que ser masivo, en el sentido del alcance geográfico”.

En ese punto, el ministerio trabaja en un plan en regiones para regular la frecuencia de las micros, fijar el precio y establecer un estándar mínimo de calidad. “Se van a crear perímetros de exclusión en las ciudades para regular los servicios (…) de tal manera que podamos decirles: ‘Esta va a ser la frecuencia, estos van a ser los precios, la calidad de los buses y las tecnologías que vamos a exigir que ocupen’”, asegura el subsecretario del ramo, Cristián Bowen.

Sin embargo, para Juan Carlos Muñoz, experto de la Universidad Católica, lo fundamental para optimizar la experiencia de subirse a una micro es “dotar al transporte público de mayor prioridad en las vías”. Es decir, construir más carriles exclusivos, tanto en Santiago como en regiones. Añade que “es importante que el transporte público sepa explotar esta segregación, de modo de entregar el mejor nivel de servicio que sea posible”. En el caso de Santiago, dice Muñoz, esto también exige “una mucho mejor intermodalidad, entre Metro y buses, así como entre buses”.

Germán Correa, ex ministro de Transportes y presidente de la comisión Pro Movilidad, concuerda con los expertos, pero recalca que cualquier medida debe “ajustarse a la necesidad”, por lo que no es conveniente construir tranvías si estos no están integrados al resto del transporte de una ciudad. “No sacamos nada con pensar las cosas unilateralmente de infraestructura o de una tecnología como Metro, tranvías, buses. Hay que tener una idea integrada como sistema, y de acuerdo a los niveles de demanda y forma en que la gente quiere moverse”, dice.

Todos coinciden en que se torna urgente aplicar medidas en esa línea. De hecho, paralelamente, ya está instalado el debate sobre el desincentivo del automóvil. Ahí, la tarificación vial y la restricción por congestión surgen como alternativas. “La comisión Pro Movilidad está recogiendo opiniones y tratando de consensuar qué iniciativas se podrían tomar en otro ámbito de la política”, asegura el ministro.




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